Anclado en el pasado: Por fin es viernes

📅 21/05/2025 📂 tiendaretro

Anclado en el pasado: Por fin es viernes

Son las dos del medio día, un agudo y penetrante sonido de campana de los años 50 chirría por todo el instituto, las clases han acabado por esta semana. Cinco días aguantando a unos señores cuya vocación e ilusión hace mucho que les dejó, cinco días aparentando en los pasillos, esquivando los “marrones” en los patios y pensando si ese cruce de miradas con la “Musa” significa algo o no…

Pero ya es viernes y eso es lo único que importa, los colegas estarán esperando fuera y hoy toca Mac Donalds y unos “futbolos” en los recreativos, dos Mac Pollos por 500 Pts es una oferta que no se puede rechazar…

La salida del instituto se convierte en un cúmulo de grupitos concretando los planes del finde: Galas de tarde, marchas por las discotecas, botellones programados, unos apuntes para el próximo examen, cinco chavales con mala pinta esperando a un chaval que casualmente se ha puesto “malo” una hora antes… Me limito a saludar, a chocarla, a sonreír y a decir “nos vemos esta noche”, mis colegas me esperan a pocos metros con las scooters y con cara de malotes, las apariencias priman por encima de todo.

Una ronda de saludos y coñas, el pitón guardado en el asiento de mi Piaggio Typhoon, un medio casco de plástico negro con pegatinas en mi cabeza y ya estamos listo para salir dándole gas directos al Mac Donalds, las chicas esperan ahí…

Ya en la terraza del Mac Donalds, las tornas cambian completamente. El sitio es tranquilo, pero depende de para quien. Un grupo de adolescentes sentados con sus amigas alrededor de dos mesas, se convierte en el blanco perfecto para los “malotes” de verdad, esos que vienen pidiéndote y enseñándote un brazo destrozado por la heroína o, en el mejor de los casos, los que vienen pidiendo con la seguridad de que si hay movida, tú la tendrás después. Palma es pequeña.

Por suerte, la tarde transcurre tranquila… Hasta que deja de serlo. Cuatro motos con paquete llegan a la terraza, para la mayoría de familias esto no supone ninguna novedad, pero a nosotros nos basta ver las motos para saber que mejor marcharnos… Un par de excusas para no quedar de “palomos” delante de las chicas y en cuestión de dos minutos nuestra mesa queda vacía. Una mirada atrás es suficiente para saber que hemos hecho lo correcto, al grupo de chavales que teníamos al lado ya les están “curioseando” los cascos y los relojes, ya se pueden ir despidiendo de ellos.

Marta va de paquete, es una de esas chicas que me gustan pero de una forma “intima”, sin que nadie lo sepa. Si me preguntan, lo negaré. Ella se agarra con fuerza y puedo notar perfectamente uno de los motivos de porque me gusta. Puede que esta noche me escude en el alcohol para hacer algo que seguramente me ocasionará varios meses de coñas entre los amigos.

Las tornas vuelven a cambiar, hemos llegado al Grand Prix, nuestro recreativo, nuestro territorio. No somos los únicos, pegado al Grand Prix está el recreativo Missisipi, son muchos los grupos de chavales que frecuentan los recreativos, pero entre todos disfrutamos de un no escrito pacto de caballeros: En nuestro lugar común, no tiene que haber movidas… Si se liase seria demasiado grande y unos u otros perderíamos un punto de encuentro que nadie quiere perder. Aplicamos la ley del respeto.

Con las motos aparcadas sin bloqueos ni cadenas en la acera, un cigarrito para hacerse el interesante delante de las “nenas” y una nueva ronda de saludos y risas, ya estoy listo para adentrarme en un lugar oscuro, húmedo, repleto de humo, sonidos, gritos y musiquitas que se entremezclan entre si, pero a mi me sabe a gloria…

Echo un vistazo a las maquinas disponibles y veo decenas de chavales absortos iluminados por una pantalla, me apetece echar un Neo Turf Master para empezar, todavía es pronto y quiero que las monedas me den para varias horas, pero un tío de treinta y pico tacos y con pintas raras está aferrado a los mando, paso bastante de ponerme a su lado. Me doy una vuelta y encuentro a mi victima perfecta, un chavalin las está pasando canutas contra Honda mientras su compañero mira callado. No me durará dos asaltos.

¿Se puede? El chico me mira y afirma con la cabeza…Mi Guile hace justicia y en dos rounds con un “Perfect” incluido el chaval se va con la sensación de haber malgastado cinco duros. Me encantan esas situaciones… Pero la alegría me dura poco, el amigo que miraba callado me pregunta si se puede, le miro ingenuo a la cara pensando cómo es posible que después de haber visto mi nivel, quiera perder cinco duros. Tras unos segundos mirándole a la cara mi respuesta es un “sí, claro”.

¡¿Dhalsim?! ¿Pero quien coño se cree este tío? Peor para él… El combate va a empezar, el avión viaja hasta la India y Edu se pone a mi lado, no dice nada pero se lo que piensa: “Como no le curres me voy a partir el culo de ti”. ¡Rooound One! Estoy jodido, este tío es un maquina, mis patadas se encuentran con sus puños y el fuego me mantiene a distancia. Mi barra de vida se consume poco a poco y este maldito estratega de los ataques a distancia juega con el tiempo a su favor. 3,2,1… Pierdo el primer round. Cambio mi estrategia, que sea él quien se acerque, yo también tengo ataques a distancia y en algún momento u otro cometerá un fallo y mi doble patada impactará sobre él. Gano el segundo round y a duras penas el tercero, el chaval se despide con un gesto de mala suerte y ni me quiero imaginar lo que me haría con Ken.

Sigo la partida y Vega me vuelve a ganar, estoy seguro que Manolo el encargado ha vuelto a subir el nivel de la maquina. Veo a Nacho llegar con su Vespino “año 1000 a.c.” y nada más entrar vamos directos al futbolín, yo de defensa y él en la delantera. Todos nos conocemos, jugamos semana tras semana y según los meses, día tras día. Sabemos a quien le podemos y a quien no, pero a veces la suerte se pone de nuestra cara. Es impresionante como nos hemos podido especializar en hacer globitos, la humillación recae sobre nuestros contrincantes y en ocasiones, agradezco tener a más de veinte amigos y conocidos en el local, es un seguro de vida. Los contrincantes cambian y nosotros seguimos, la tarde se nos está dando bien, hasta que llegan dos obreros. Las risas se borran de nuestra cara y me concentro para intentar ver la bola, el antebrazo de ese tío no es normal y solo rezo para meter un gol y no tener que pagar una Coca Cola… Nacho se porta y cumple como delantero, nos han currado pero hemos metido uno, nos libramos de la humillación del “refresco a cero”.

Las horas pasan, una partida al Bomberman con las amigas, un Tetris para ligar, unos frustrantes combates al Fatal Fury y Art of Fighting intercalados con risas y charlas fuera del recreativo van vaciando mis bolsillos. Toni me ofrece echar un Virtua Striker de Sega y yo le digo que ni loco, que ese juego es para pijos, veinte duros una partida… ¡Donde vamos a llegar! Todavía es pronto para ir a cenar así que me toca administrar bien el dinero, las opciones son claras: Super Pang y Ace Combat, casi una hora de vicio asegurado con dos simples moneditas.

Me dispongo a echar una moneda al Super Pang pero afortunadamente, justo antes de introducirla veo pasar un perfil conocido por la ventana, es Clara, los videojuegos pueden esperar… Salgo nervioso, me hago el sorprendido, saludo y noto como me cuesta decir algo coherente, pero me encanta ver como a ella le pasa exactamente lo mismo… Esa sonrisa no tiene precio. Me atrevo a invitarla a un cigarro y nos sentamos en un portal.

Y el tiempo se detiene en un imagen en blanco y negro: Ya ha oscurecido y la luz de la farola nos ilumina con fuerza, ahí estoy con una chaqueta bomber y la chica de mis sueños, los amigos sentados en sus motos hablando de carburadores y tubos de escape, las chicas al lado en un perfecto corrillo, una fachada de un viejo recreativo con un portón y ventanas con rejas, dejan entrever su interior mientras gente anónima pasea por la calle ignorando que, a escasos metros, un grupo chavales estaban viviendo sin saberlo, los años más bonitos e intensos de su vida…

Y los años pasaron, la chica de mis sueños no resultó ser tal, lo probamos pero no funcionó. Nuevas versiones del Pang, Street Fighter, Bomberman y demás juegos fueron saliendo y otros se quedaron como joyas dentro de mis recuerdos. El grupo se separó y me quedé con los mejores, para mí, pero por suerte Palma sigue siendo pequeña y nos seguimos encontrando. Y aquel viejo recreativo en el que tantas tardes pasé y tantas experiencias disfruté, hace años que dejó de existir.

Eran otros tiempos, años que recuerdo con cariño y con nostalgia. Se que no volverán pero me alegro de haberlos vivido, afortunadamente esta es solo una instantánea de muchas otras ya vividas. Solo espero que dentro de muchos años, otras muchas imágenes en blanco y negro vuelvan a mi cabeza para poder compartirlas con todos vosotros.

Derechos de autor
Si cree que algún contenido infringe derechos de autor o propiedad intelectual, contacte en [email protected].


Copyright notice
If you believe any content infringes copyright or intellectual property rights, please contact [email protected].