Pura nostalgia: Los salones recreativos

📅 21/05/2025 📂 tiendaretro

Pura nostalgia: Los salones recreativos

Recreativas

En Infoconsolas hemos tratado en multitud de ocasiones el tema de los salones recreativos, ya sea desde un punto de vista personal o más “profesional”. Tras ver como diferentes miembros del equipo compartían sus recuerdos y anécdotas de estos antiguos y prácticamente extintos, “Templos de Culto”, no he podido aguantar más para unirme a la causa y compartir con vosotros mi punto de vista y experiencias.

En este artículo recordaremos viejos tiempos desde un particular punto de vista, años mejores en muchos sentidos, momentos que lamentable o afortunadamente para algunos, ya no volverán… Los maravillosos años de los salones recreativos!!

Desde siempre he escuchado por parte de los “mayores”, que el barrio donde me he criado o el centro comercial de toda la vida, varias décadas antes eran campos de cultivo o sencillamente matorrales. Lo que hasta hace pocos años consideraba “historias de la abuela”, poco a poco voy viendo como se hacen realidad, la diferencia es que ahora soy yo el que ve y cuenta los cambios de mi ciudad…

Realmente, poco me importa que un bloque de pisos ocupe el puesto de un antiguo solar al que nunca acudí o que un centro comercial haya cambiado los alrededores áridos del extrarradio de mi ciudad, lo que en verdad me hace ser consciente de que el tiempo pasa para todos, lo que me duele, es ver que aquellos lugares donde disfruté durante muchos años van transformándose para convertirse en los lugares de otros.

Debo reconocer que por ahora tengo suerte, mi colegio sigue donde siempre, mi parque luce mejor aspecto que nuca y el pueblecito donde veraneaba apenas ha cambiado… Pero el que fue mi punto de encuentro, el sitio donde me reunía con los amigos, donde siempre quedábamos como punto de partida, ese punto donde llegue un día como niño, me forme como adolescente y abandoné “como hombre”, ahora es una tienda de Vodafone.

Cada vez que paso por esa calle, no puedo evitar mirar esa maldita tienda de móviles, lugar donde años atrás tantos chavales compartían sus ratos y vivencias. ¿Qué aporta una tienda de móviles? ¿Se puede comparar? Para nada…

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Como es evidente, esta tienda de móviles ocupa el lugar de mi extinto y amado por siempre, salón recreativo, el Gran Prix de Palma de Mallorca, muy cercano a los institutos. Y no me equivoco cuando hablo de “mi salón”, en esa misma zona llegaron a coexistir 4 salones recreativos, todos ellos en perfecta armonía. Todos nosotros íbamos cambiando de recreativos por una nueva maquina, un amigo o aquella preciosa niña morena que se pasaba por las tardes por el otro salón, pero siempre acabábamos en nuestro salón.

Creo que en esos maravillosos años, en los cuales los salones recreativos eran los reyes de nuestros barrios, nadie supo darles la importancia que se merecían. Para mayores, padres, políticos, profesores y demás, no eran otra cosa que un local donde sus hijos pasaban las horas gastando su paga. Para nosotros, era un punto de encuentro, con todo lo que eso conlleva.

Es curioso ver como hoy en día nuestros ayuntamientos se esfuerzan en crear lugares donde la gente pueda comunicarse y reunirse, cuando en su momento nadie hizo nada para remediar la extinción de los salones recreativos. Es normal, lo entiendo, ni nosotros mismos los contemplábamos desde esa perspectiva, pero es una lastima que ninguno de nosotros fuésemos conscientes de lo que estábamos perdiendo.

Poco a poco los salones recreativos de toda la geografía española fueron transformándose o desapareciendo. Los motivos son muchos, al igual que los culpables:

A la llegada de nuevas maquinas donde el precio de “100 pts” era cada vez más habitual, con el evidente problema que esto suponía para nuestra economía, se le sumo el hecho de que la tecnología del videojuego domestico fuese evolucionando hasta llegar a ser prácticamente igual o superior que a la de las maquinas recreativas de la época, si la popular consola PSX ya les dio una buena estocada, la generación de los 128 bits les dio el golpe de gracia.

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Por otra parte, el cambio generacional que se llevaba haciendo desde inicios de los ochenta, acabó con nuestra generación. ¿Qué podía aportar una recreativa pixelada a un chaval de 12 años propietario de una potente consola de 32 bits? Nuestra generación fue la última en disfrutar de los recreativos de toda la vida, fuimos los últimos en disfrutar de estos templos del videojuego…

Al igual que la historia, nuestra vida esta llena de ciclos. Recuerdo perfectamente cuando mi padre me llevaba los domingos por la mañana al recreativo de mi ciudad cuando tan sólo era un niño, la tapadera de cara a mi madre era “vamos al parque”, era nuestro secreto. Ya desde mi infancia, aquel lugar lleno de gente, grandes maquinas y videojuegos que estaban a años luz de mi humilde y querido Spectrum me dejó maravillado. Mientras mi padre demostraba sus habilidades con el “Operation Wolf”, yo era un autentico saco roto que no paraba de “sacrificar” vidas y el bolsillo de mi padre.

Los años pasaron y con 13 añitos llegó un día, en el que después del colegio un viernes por la tarde, un grupo de amigos decidimos ir al recreativo para jugar al futbolín. Desde ese momento el Gran Prix, los salones recreativos y yo formamos un vinculo hasta pasados los veinte… momento en que nuestras prioridades cambiaron.

Durante todos esos intensos años de adolescencia, en los que uno ya dispone de la suficiente independencia para poder escoger que hacer y donde ir dentro del horario y fechas prefijadas por nuestros padres, los salones recreativos cumplieron la función de un peculiar punto de encuentro.

Siempre cercanos a colegios e institutos, todos nosotros llegamos atraídos por un único motivo, los videojuegos. Pero los salones recreativos nos ofrecieron mucho más que eso… Un lugar donde en cualquier momento siempre podríamos refugiarnos, con nuestros juegos, con nuestros amigos, un sitio donde los conocidos se transformaban en amigos, donde tras cientos de pesetas, esa preciosa “chica del Tetris” mayor que tú se dignaba en saludarte o incluso hablar contigo, un sitio en el que aprendimos a asumir, que “Jose el del cambio” era el jefe, sus monedas se gastaban en su local, si la chuchería estaba dura te la comías y punto, y si le daba por hacer la gracia de devolverte el cambio mal, tocaba desarrollar tus dotes de negociación.

Los salones recreativos eran un sitio donde se entraba por primera vez como cachorros y salías años después como león, un lugar hostil en un principio al que poco a poco ibas adaptándote hasta transformarlo en el lugar más seguro después de tu hogar. Los videojuegos fueron la razón por la que acudimos por primera vez y no nos resignamos a abandonar, ahí aprendimos a lidiar con el típico “mangui” de los veinte duros, a solucionar nuestras diferencias a las buenas o a las malas, a usar la famosa “palanca” del futbolín y en encendedor del horno para las recres a riesgo de llevarnos una merecida bofetada del jefe.

Todo esto, señores y señoras, se puede resumir de una forma: Experiencia, durante todos esos años, en los recreativos aprendimos lo que era la experiencia de la calle…

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Con 29 años a mis espaldas, cada vez que paso por un recreativo ya cerrado de mi ciudad, no sólo recuerdo aquellos juegos a los que dedicaba mi tiempo, recuerdo cientos de vivencias que empezaron una ya lejana tarde en un viejo y oscuro recreativo y acabaron en una playa por la noche con “la chica de mis sueños”, tirados en un campo de golf con un grupo de buenos amigos o en una fiesta inesperada en casa de una recién conocida…

No es sólo todo lo que disfrutamos en su interior, los recreativos eran un punto de encuentro siempre conexo a nuestras vivencias. Un lugar que nos deslumbró de pequeños por sus juegos, nos cautivo de adolescentes por sus vivencias y abandonamos de mayores para no poder volver nunca jamás.

Me encantaría poder volver a ese lugar, poder llamar a un amigo y decir “nos vemos en el Gran Prix”, volver a encontrarme con todas aquellas persona que el tiempo va alejando, poder pasarme un rato cuando tengo media hora libre, sabiendo que siempre habrá algún conocido o que como mínimo, podré disfrutar ese rato muerto.

Hasta ahora he definido a los salones recreativos como lo que fueron, un punto de encuentro, ahora toca llamarlos como lo que son: El Paraíso Perdido de los jugadores, un lugar que abandonamos y al que ya nunca podremos volver.

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