El factor arcade

📅 21/05/2025 📂 tiendaretro

El factor arcade

Son muchos los artículos que en esta humilde web, hemos dedicado a nuestros añorados salones recreativos y los juegos que campaban por aquellos templos de los videojuegos:

Wonder Boy, Street Fighter II, Super Pang… Son cientos las joyas que los recreativos nos brindaron dando pie a magnificas conversiones en nuestros sistemas domésticos. Conversiones buenas y menos buenas pero con un denominador en común, el “factor arcade”.

Retrocedamos un “poco” en el tiempo. Los 8 bits son los reyes del momento y nuestro país está repleto de un buen surtido de plataformas de ocio electrónico: incombustibles Atari 2600,  novedosas NES y Master Systems, Spectrums y Amstrads por doquier se reparten junto a otros sistemas la oferta doméstica en cuestión de videojuegos. Por encima de todas ellas, las maquinas recreativas imponen su hegemonía, permitiendo a toda una generación soñar despiertos con una simple moneda de cinco duros.

Paralelamente a lo comentado en el anterior párrafo, los salones recreativos eran el campo de pruebas perfecto para las desarrolladoras. Si un juego tenía una buena aceptación como maquina arcade, realizar una conversión para el mercado doméstico era una apuesta segura. Y nosotros felices con esta dinámica, claro está.

 

En consecuencia, en unos años en los que la información se nos administraba a cuenta gotas mes a mes, uno se sorprendía en más de una ocasión al ver que ese videojuego que tanto le gustaba en los recreativos, estaba disponible en su videoclub o tienda habitual de videojuegos por 895 Pts. para su ordenador. Los años pasaron y nuevos medios de prensa fueron apareciendo así como nuevas consolas y ordenadores de 16 bits, pero el procedimiento era el mismo en muchas ocasiones, si un juego triunfaba en el recreativo la conversión estaba asegurada para nuestro gozo y disfrute.

Llegados a este punto, todos sabemos perfectamente que hubo conversiones muy logradas, otras normalitas y otras que no tuvieron tanta suerte. Pero fuesen como fuesen, todos las recibíamos en un primer momento con una gran expectación e incluso las tratábamos de forma distinta al resto de los videojuegos, dándoles en ocasiones muchas más oportunidades de las que se merecían, dicho de otra forma, las conversiones disfrutaban normalmente de nuestra indulgencia continuada (salvo horrorosas excepciones, evidentemente).

Es todo este cúmulo de comportamientos, sentimientos y concesiones, el que me ha llevado a hablaros del “factor arcade”, un aspecto aprovechado hasta la saciedad en la publicidad por parte de las distribuidoras de antaño, en el cual nosotros caíamos muy gustosamente una y otra vez sin problema alguno. Y es que… ¿Quién se podía quejar de tener un Golden Axe en su ordenador de casa?

 

El “factor arcade” era poderoso, muy poderoso. Si lo pensamos bien, resulta increíble como la industria del videojuego, dejó caer todo un mercado que nutría al doméstico de una forma tan evidente, por la sencilla razón de los beneficios a corto plazo. Conozco perfectamente la evolución tecnológica de los sistemas domésticos y el gran logro que supuso colocarse a la par de las maquinas arcade, pero en mi humilde opinión, si hubiese existido una industria más cohesionada y mirando por sus intereses futuros, no hubiesen dudado en mantener vivo a nivel mundial (no solo en Japón y Korea de Sur), el mercado de las recreativas con maquinas mucho más potentes que cualquier sistema doméstico.

Pensadlo por un momento, ya sé que en la practica fue imposible debido a la gran competencia y a que el logro/objetivo en esos años el cual se consiguió con las 32 bits y posteriores, era llegar al nivel de las recreativas, pero desde que liquidaron el mercado de los salones recreativos millones y millones de euros han sido forzosamente invertidos en publicidad en todos los medios y a todos los niveles. Desde el primer momento en que los salones recreativos dejaron de ser un punto de referencia, la industria perdió voluntariamente una herramienta de marketing de un alcance e importancia indescriptible: Ves al salón de tu barrio o pueblo, prueba nuestro nuevo juego, gasta tu dinero en nosotros, enamórate, deséalo y alégrate… porque en poco más de un año lo tendrás en tu casa.

 

Buff… ¿Cómo dejar perder semejante caramelo? Las maquinas arcade nutrían perfectamente el mercado doméstico creando una simbiosis como nunca jamás se ha vuelto a ver. No es solo que nos dejasen probar un videojuego en cuestión, es que nos hacían desearlo, el “factor arcade” entraba en juego y como humanos que somos, todos queríamos lo que no podíamos tener. Y todo esto, sin gastarse un duro de publicidad, ni hype ni tropecientas copias distribuidas por webs de medio mundo.

Pero todo eso se acabó, la magia se apagó y el “factor arcade” pasó a la historia. Todos podemos recordar esa sensación de insertar el cartucho en nuestra consola y pensar “la pasta que me voy ahorrar a partir de ahora”, echar un primar vistazo y decir “los gráficos no son lo mismo pero el juego sí”, fliparlo directamente con juegazos que nada tenían que envidiar a sus hermanas mayores o mirar nuestra estantería y ver con orgullo esas cajas perfectamente ordenadas con los nombres y dibujos que tanto habíamos esperado llegar a tener.

 

El “factor arcade” jugó un papel determinante en la historia de los videojuegos, muchos fueron los sistemas que subieron al olimpo gracias a determinadas conversiones, llegando incluso a existir plataformas especializadas en este mecanismo de marketing como la NEO-GEO o la infravalorada en sus tiempos Dreamcast entre otras. Y nosotros felices, perdonando sus errores o vanagloriándonos de sus semejanzas con el original. Fueron en este caso y sin ninguna duda, tiempos felices, tiempos mejores… Poder jugar acompañados por los amigos en salones en los que compartías una misma pasión con todos los presentes, para meses más tarde llevarte esa joya ya demostrada a tu propio hogar, es algo que difícilmente volverá a repetirse. Aunque eso sí, un servidor sería el primero que muy felizmente vaciase sus bolsillos si el “factor arcade” reemprendiese su camino como en el pasado.

 

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